Historia de Leciñena

 

Vista aérea de la Ermita

Origen romano del nombre

El nombre de nuestro pueblo lo vincula con la organización del territorio en torno a la Caesaraugusta romana. En efecto, la palabra "Leciñena" parece claramente relacionada con algún Licinius que tuviera en estos lares su villa y la explotación agrícola asociada. No sería un caso único, pues varios yacimientos arqueológicos localizados junto a algunos de los caminos más importantes del pasado de Leciñena se datan en época romana.

En la Edad Media

No obstante, la actual Leciñena está asociada a la reconquista de Zaragoza en 1118 por el rey Alfonso I. La organización del territorio y reparto de tierras posterior a dicha conquista estableció la Baronía de Zuera, de la que formó parte la entonces aldea de Leciñena, estableciéndose un peculiar régimen de aprovechamiento de tierras y pastos que en parte perduró hasta principios del siglo XX. El devenir histórico del pueblo quedó en aquel momento asociado a la villa de Zuera, de forma que cuando esta volvió, antes del 1338, a la Corona, Leciñena también lo hizo. Y cuando en 1366 el rey Pedro IV vende la Baronía a la ciudad de Zaragoza, Leciñena queda sometida al Señorío de la ciudad.

El Santuario de Nª. Sª. de Magallón

La tradición sitúa en 1283 el origen del Santuario de Nuestra Señora de Magallón, que pasó a ser uno de los ejes fundamentales de la historia, la religiosidad y la economía locales. Ya en el siglo XV era uno de los santuarios más importantes del Reino, posteriormente, en los siglos XVI a XVIII fue objeto de importantes reformas y mejoras, tanto en las dependencias religiosas como en su función de hospedería. Los recursos económicos para tales mejoras en parte salieron de los donativos de muchas gentes de todos los estamentos de la sociedad zaragozana, pero en gran medida eran recursos propios del Santuario, cuyo patronato lo ejercía por entonces el Ayuntamiento de Leciñena. El 24 de enero de 1809, mientras Zaragoza sufría el segundo Sitio, el Santuario fue saqueado e incendiado por el ejército francés, en una acción que provocó decenas de muertos entre los vecinos de Leciñena, además de numerosas bajas del ejército español en la conocida como Batalla del Llano.

La iglesia parroquial

La iglesia actual se edificó en la segunda mitad del siglo XVI, utilizando piedra caliza, bajo la dirección del maestro Miguel de Altué. Es una iglesia en planta de salón, de estilo renacentista aunque incluyendo determinadas soluciones estructurales y ornamentales todavía góticas. Se mantuvo la torre medieval en ladrillo de la iglesia anterior, recreciéndola con un segundo cuerpo también en ladrillo. El último cuerpo, el campanario es un añadido muy posterior, del siglo XVIII. Casi desde el primer momento la iglesia tuvo serios problemas estructurales que amenazaban su integridad, obligando a apoyar las columnas en los muros, apareciendo de esta forma las capillas laterales y perdiéndose su aspecto de planta de salón. Simultáneamente se trasladó el problema a los muros, haciéndose necesario una intervención que sustituyó ya en el siglo XIX las bóvedas de crucería por las actuales, excepto en el ábside. El coste de la construcción y del mantenimiento posterior del edificio parece estar en el origen del gran endeudamiento que soportó el Ayuntamiento de Leciñena en el siglo XVI, y que obligó a entregar el aprovechamiento de sus bienes y propios a una junta de censalistas acreedores, que todavía funcionaba en pleno siglo XVIII.

La población

La población durante finales del Medievo y la Edad Moderna fue aumentando paulatinamente desde los 59 fuegos de 1495 a los 122 fuegos en 1646. La segunda mitad del siglo XVII en España fue catastrófica, con guerras, hambrunas y epidemias, por lo que las fuentes consultadas en 1717 y 1718 dan solo entre 77 y 83 fuegos, cuando todavía perduraban sus consecuencias, agravadas con la reciente Guerra de Sucesión, cifras que se remontan a continuación hasta los 156 fuegos en 1776.

Época moderna

El municipio de Leciñena se constituyó, en el sentido moderno de la palabra, en los años 30 del siglo XIX, dentro de una remodelación institucional que afectó a toda España, si bien el término municipal actual no se fija hasta 1940. Durante el siglo XIX y principios del XX se ponen en cultivo todas las tierras practicables, en evidente tensión con los intereses ganaderos, que eran los que más peso habían tenido hasta entonces en la economía local. La guerra de 1936 afectó de forma importante al pueblo, constituyendo uno de los episodios más dolorosos de su historia, con una reducción importante de su población, que había llegado a 2152 habitantes en 1930, a pesar de que ya se estaba sufriendo una primera oleada migratoria, quedándose en 1855 habitantes en 1940. Se aumenta hasta los 1973 el año 1950, para descender progresivamente a partir de entonces, dentro del proceso global de despoblación del mundo rural, suavizado aquí por la proximidad a Zaragoza.